martes, 13 de abril de 2010

Quién vio a Enrique Dominici

Desde hace más de cuatro semanas Enrique Dominici no viene a Colonia Iturraspe. Los vecinos no saben qué pensar. Es que durante quince años llegó religiosamente todos los jueves. Seguía el mismo recorrido. Hacía tres poblados vecinos en el extremo oeste de Santa Fe y después Colonia Iturraspe, en el extremo este de Córdoba. Cruzaba de una provincia a otra acortando por el sendero que se interna en el campo del gringo Otto. Siempre caminando con su gastada valija marrón.

Su base de operaciones fue el Centro Cultural, Recreativo y Deportivo del pueblo. A eso de las seis o siete a más tardar, entraba al salón con la sonrisa tallada, saludaba con buenas y pedía lo de siempre. Un vaso con dos dedos de Marcella y el resto de soda. Tras sacudirse el polvo del saco y pasarle una franela a los zapatos, montaba su negocio movil. Su público, entre 20 o 25 clientes –aunque hubo veces que se llegaron a reunir medio centenar-, mayormente amas de casa de cuarentipico, comenzaba a rodear la mesa ni bien Enrique Dominici acomodaba la valija. A veces los de atrás se quejaban porque los de adelante no los dejaban ver. Carreteles de hilo para coser; trompos; ropa interior; peines y peinetas; relojes; perfumes; guantes; gorras… emergían desde el fondo de la valija. “Para todos y todas, para grandes y chicos”, repetía.

Según don Gerardo, el cantinero, la última vez que vino entró al salón arrastrando los pies. Estaba pálido, no dijo sus habituales zalamerías a las mujeres ni repartió caramelos a los chicos. Antes de irse, hizo un comentario que se interpretó como una broma, pero que ya no causa gracia: “En cualquier momento voy a buscar la mercadería a China”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario