
Viendo esta foto se me ocurrió una idea para un proyecto que eduque – perdón por la desmesura- para la libertad individual y colectiva: redibujar y reescribir los mapas y las cartografías. Dar vuelta las nociones de centro y periferia, arriba y abajo, afuera y adentro, de modo que lo que hoy se percibe como un ordenamiento natural sea desenmascarado como lo que realmente es: un orden construido. Orden que -como es sabido- tiene ganadores y perdedores, mandantes y obedientes, incluidos y excluidos.
Así, cada escuela, barrio, poblado, podría rediseñar el mapamundi y dibujarse en su centro. Y con ello garabatearse una voluntad colectiva, un deseo de ser, un destino.
Miren la foto: ahí está el globo terráqueo, detrás del pupitre, en un aula de la escuela Mariano Moreno de Chuña Huasi. ¿Se imaginan ese pueblo de no más de 400 habitantes, perdido en las lomas del departamento Sobremonte, pidiendo su lugar en el mapa?
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